Adicciones

¿Qué son las adicciones?

Diferencias entre consumo de sustancias, abuso y dependencia

Siempre que hablamos de adicción a sustancias estamos haciendo referencia a: una persona, una sustancia y la relación que se establece entre la persona y la sustancia.

Vamos a comenzar “presentando” a la persona. Toda adicción se establece sobre una persona concreta. Son muchos los estudios que se han centrado en conocer la “personalidad del adicto”. ¿Existen variables de personalidad que hacen a las personas más vulnerables a padecer una adicción? ¿Patrones educativos? ¿Vivencias personales?

El estudio de las variables de personalidad y demás características personales tiene relevancia, sobre todo, a efectos de prevención.

Con todo esto llegaríamos al concepto de la “vulnerabilidad psicológica”. Es decir, las características (o carencias) que, en su conjunto, hacen que unas personas sean más o menos vulnerables a desarrollar una adicción. Por ejemplo, imaginemos una persona muy tímida que tiene una elevada ansiedad en las situaciones sociales. Si esta persona experimenta que el consumo de alcohol reduce dicha ansiedad, la desinhibe y le ayuda a comunicarse mejor, es más probable que “se enganche” más fácilmente al alcohol que otra persona que al consumir no cubre ninguna necesidad especial.

Junto a la vulnerabilidad psicológica tenemos que considerar la “vulnerabilidad biológica”. Se ha estudiado en alcohol y dependencia a opiáceos. Por poner un ejemplo de los resultados de estas investigaciones, ya clásicas. En experimentos con ratas modificadas genéticamente, de forma que disponen de menor número de receptores D2 (de Dopamina) que el grupo de ratas “normales”. Con el mismo número de exposiciones a la sustancia heroína, las ratas con menor número de receptores de dopamina desarrollaban la dependencia en un mayor porcentaje de los casos.

En alcohol, en estudios de adopciones. Los hijos de padres alcohólicos dados en adopción nada más nacer desarrollaban alcoholismo en mayor porcentaje que los hijos de padres biológicos no alcohólicos (vulnerabilidad biológica). Pero, por otra parte, los hijos de padres biológicos no alcohólicos que eran dados en adopción a padres adoptivos alcohólicos, también tenían mayor riesgo de desarrollar dependencia al alcohol que si eran dados en adopción a padres no alcohólicos (vulnerabilidad psicológica).

En resumen, todas las personas tendremos mayor o menor vulnerabilidad (riesgo) de convertirnos en adictos. Dicha vulnerabilidad será la suma de los factores de riesgo genéticos y los ambientales (adquiridos a través de las vivencias-experiencias).

Una vez presentada a la persona, vamos con el segundo elemento, la sustancia. Respecto a la sustancia tenemos que considerar, en primer lugar, que cada sustancia va a tener mayor o menor “potencial adictivo”. Así, hay sustancias con una elevada capacidad para generar dependencia física y psicológica como, por ejemplo, la heroína. Bastaría con varios consumos de la sustancia más o menos cercanos en el tiempo para que la persona desarrolle una adicción a opiáceos. Y, en este caso, comenzará a experimentar los síntomas de abstinencia física.

El potencial adictivo de cada sustancia también va a depender de la forma de consumo de la misma. Así, respecto a la misma sustancia, p. ej., heroína, la forma de consumo más adictiva será la inyectada vía endovenosa, seguida de la fumada, y, por último, la esnifada. Esto va a depender, en gran parte, del tiempo que tarda la sustancia en realizar su efecto sobre el sistema Nervioso Central (SNC). A efectos más rápidos, mayor potencial adictivo.

Ya solo nos queda hablar de la relación entre la persona y la sustancia. En este caso, lo importante es que cada persona establece una forma de relación única con la sustancia. La forma de consumo, la frecuencia, las dosis, el contexto de administración, la forma de adquirir la sustancia, los comportamientos asociados al consumo, las consecuencias negativas del consumo de la sustancia, etc. Todas estas variables harán que cada adicto a sustancias manifieste un comportamiento adictivo único. Por tanto, cada intervención en adicciones tendrá en cuenta toda esta variabilidad para diseñar la intervención más adecuada para cada persona.

Las 3 formas básicas de relación de una persona con una sustancia serían: consumo, abuso y dependencia.

Hablamos de consumo de una sustancia cuando la persona la consume según el patrón cultural normalizado de uso y sin consecuencias negativas importantes (ej. tomar un vaso de vino con las comidas, algunos días).

Nos referimos al abuso, cuando la persona consume la sustancia en cantidades y/o frecuencias que, necesariamente, se asocian a consecuencias negativas a nivel físico o conductual (ej. tomar un litro de vino cada día).

La adicción sería una relación de dependencia física y/o psicológica de la sustancia, asociada a consecuencias negativas importantes. La persona continúa consumiendo la sustancia a pesar de las consecuencias negativas, con un componente obsesivo (la vida gira en torno al consumo de la sustancia). Además, se darían los estados de intoxicación y aparecería el síndrome de abstinencia característico para esa sustancia.

La tolerancia, también suele estar presente de una u otra forma. Es decir, con el paso del tiempo la persona necesitaría aumentar la dosis de la sustancia para conseguir los mismos efectos.

Las drogas pueden producir dependencia física, psicológica o ambas.  Cuando se interrumpe el consumo de la sustancia o se disminuye bruscamente la dosis, aparece el síndrome de abstinencia. Éste es un conjunto de síntomas y signos físicos y/o psicológicos. Cada sustancia tiene un síndrome de abstinencia característico.

Adicciones sin sustancias

En las adicciones sin sustancias, el efecto adictivo se produce por la estimulación de las áreas de placer del cerebro (vías dopaminérgicas). Las consecuencias negativas son iguales o más graves que en las adicciones a sustancias.

Las personas con adicciones, la mayoría de las veces, no reconocen las consecuencias negativas de su conducta. Otras veces las minimizan o niegan directamente ser adictos o las consecuencias negativas de la conducta adictiva.

El primer paso para superar una adicción es reconocer el problema y ser consciente de la necesidad de ayuda profesional. Solo no puedo dejarlo, pero con la ayuda adecuada sí.

El adicto pasará épocas  en las que predominará su deseo abandonar el consumo y otras en las que, a pesar de su deseo de dejar la sustancia o la conducta adictiva, continuará. Se trata de la conocida ambivalencia “quiero y no quiero”.

Causas de las adicciones

Las drogas afectan directa o indirectamente a las áreas de placer del cerebro. El alcohol, por ejemplo, tiene un efecto inespecífico sobre el cerebro. Su consumo producirá un efecto relajante, asociado a sensaciones de euforia. Sin embargo, los opiáceos (heroína, morfina, codeína, etc.) actúan directamente sobre receptores que existen en el cerebro. La cocaína va a producir su efecto sobre el SNC incrementando los niveles del neurotransmisor Dopamina (es el neurotransmisor que existe en las áreas de placer cerebrales).

Sin embargo, en las adicciones sin sustancias, la persona no se administra nada de afuera. Es la propia conducta adictiva la que estimulará las áreas de placer cerebral y hará que se incrementen los niveles del neurotransmisor dopamina (principalmente).

Se ha demostrado que el uso frecuente de drogas durante un largo período de tiempo produce unos cambios irrecuperables en el cerebro. Uno de ellos es el aprendizaje de la conducta adictiva (lo que hace que, incluso, tras años de abstinencia, si se vuelve a consumir la misma sustancia aparezca el patrón adictivo que se aprendió en el pasado). Otro cambio importante es que al haber actuado, repetidamente, la sustancia sobre unos determinados los neurotransmisores, cuando se abandonan el consumo de la sustancia o conducta adictiva, la persona no disfrutará de las actividades reforzantes de la vida de la misma forma que antes. A esto se le conoce como el “malestar del adicto”.

Existen diversidad de variables (algunas genéticas) que contribuyen al establecimiento de la conducta adictiva. Sin embargo, para que se instaure una adicción se requiere el “consumo repetido de la sustancia”. Los factores personales, las características de la sustancia y la vía de administración de la misma determinarán la facilidad con la que se desarrollará la dependencia.

Tratamiento de las adicciones a sustancias

La adicción a sustancias es un trastorno del comportamiento para el que existen en la actualidad soluciones eficaces.

En la entrevista inicial el psicólogo obtendrá información sobre: la historia de consumo respecto a cada sustancia, el funcionamiento de la persona en las principales áreas de la vida, si ha recibido tratamientos previos y cómo le han ido, si ha habido periodos de abstinencia, los factores de apoyo con los que cuenta, problemas legales asociados, la forma de consumo actual y la motivación de la persona para abandonar la dependencia.

Una vez obtenida esta información, el psicólogo indicará a su cliente cuál es la intervención más adecuada para él.

Modalidades de Tratamiento de las Adicciones en Clínica Alborán

Opción 1. Tratamiento clínico ambulatorio, con o sin medicación y acudiendo a sesiones con frecuencia semanal.

Opción 2. En algunos casos, se requiere un tratamiento más completo en nuestro Centro de Día, Clínica Alborán. La persona tendrá que acudir de lunes a viernes, de 10 de la mañana a 18h.

Opción 3. Tratamiento residencial en Clínica Alborán. Permite una intervención intensiva, con sesiones individuales y grupales y participación en actividades dirigidas a la más completa rehabilitación. Nuestro Programa Terapéutico se desarrolla con una duración media de 4 meses. Incluye la aplicación de un conjunto de intervenciones psicológicas, educativas y médicas dirigidas a conseguir una modificación de las conductas adictivas y los hábitos de vida.

Las instalaciones de Clínica Alborán se encuentran en La Zubia (Granada), y tienen capacidad para 20 plazas en el Tratamiento Residencial, 20 en Centro de Día y 10 en Tratamiento Clínico Ambulatorio.

Opción 4. Tratamiento Residencial en Fines de Semana. El programa de fines de semana está indicado para personas cuyo riesgo de consumo se produce, principalmente, durante los fines de semana. La persona acudirá a la Clínica Alborán de viernes tarde a domingo tarde. La duración total de este Programa Terapéutico será de 17 semanas.

Programas terapéuticos

Intervenimos en los casos de adicciones a sustancias como: alcohol, tabaco, cocaína, cannabis, benzodiacepinas, opiáceos, etc.

También disponemos de protocolos de intervención para las conocidas como “Adicciones sin sustancias”: videojuegos, internet, teléfono móvil, sexo, trabajo, compras compulsivas, ludopatía, etc.

Proceso de Tratamiento

Nuestra terapia comienza con una primera entrevista con el Psicólogo.

Durante esta entrevista se realiza una primera valoración del caso y una propuesta de aquella Modalidad Terapéutica más adecuada según las características de la persona, sus circunstancias personales, familiares y laborales y el tipo y gravedad de la adicción y de los problemas de conducta asociados.

A continuación se mantendrá una entrevista con el Médico que realizará la valoración del estado de salud, necesidad de medicación y propondrá los exámenes médicos y analíticos necesarios. En algunos casos, propondrá la necesidad de alguna vacunación.

Una vez realizada la evaluación médica y psicológica (en un máximo de 7 días), la persona pasará a Lista de Espera.

En el momento actual, la Lista de Espera se sitúa entre 2 y 3 semanas.

Dentro del período concreto que se le indique al paciente recibirá una llamada para ingreso en el Programa Terapéutico que hayamos decidido.

El paciente podrá comenzar el tratamiento residencial en fase de abstinencia (si la analítica de orina arroja 3 resultados negativos en un período de 2 semanas) o, si en el momento del inicio del tratamiento residencial, no ha conseguido la abstinencia de la sustancia, comenzará el Tratamiento Residencial en la Fase de Desintoxicación (con una duración de 2 a 4 semanas).